Equidad e innovación, las herramientas para el 2021

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Es motivante ver como las nuevas generaciones se están preocupando de los problemas más importantes de la humanidad en educación. Me alegra ver grupos de gente innovadora, como los estudiantes que crearon la fundación Collecting Dust, que busca recolectar celulares en desuso, ya sea por antigüedad o porque están en mal estado, repararlos y brindárselos a niños de escasos recursos que requieran los dispositivos para tomar las clases online desde su casa.

Si esto lo reforzáramos con alguna empresa de internet que les ayude, el aporte sería exponencial. Es así como lo han hecho algunas universidades de cara a los problemas de conectividad que suscitó la pandemia de COVID-19. La Universidad de la Frontera repartió dispositivos que brindaban WIFI a sus estudiantes para poder tomar las clases desde su hogar, así como otras instituciones entregaron computadores y tablets. Sin ir más lejos, en Perú, el Ministerio de Educación repartió aparatos conectados a internet para los estudiantes más vulnerables.

Con la pandemia la brecha en la equidad aumentó, mostrando las desventajas de los estudiantes de bajos recursos sin acceso a internet en sus casas. El internet, algo que pareciera ser la gran solución de nuestra época ahora es el gran motivo de desigualdad.

A medida que avanza el 2021 hemos podido ver la cantidad de desafíos que la pandemia de COVID 19 ha generado en cada uno de los segmentos educacionales. No se trata solo de un desafío al que los líderes de educación superior han decidido responder. Vivimos en un contexto muy diferente y es posible que las soluciones del pasado no funcionen. El mercado tendrá nuevas tendencias, nuevas necesidades emergentes a las cuáles las universidades necesitan prestar atención para generar planes de estudio que hagan sentido y contribuyan a la movilidad social, enfocándose en el aprendizaje basado en la experiencia, el campo y el proyecto. Además, integrar programas de capacitación, grados y certificación en el plan de estudios.

Con todo esto se hace fundamental el apoyo de los gobiernos. Las instituciones de educación superior necesitan brindar un mejorar el acceso para las poblaciones que carecen de conectividad o que reciben una calidad educativa deficiente adaptando la oferta a sus necesidades, y para esto es necesario un trabajo colaborativo. Porque, parafraseando al académico del MIT, Thomas Malone (2015), “algunas de las innovaciones futuras más importantes no vendrán de las nuevas tecnologías, sino de nuevas formas de colaboración”.