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Cultura organizacional para la transformación digital

El desarrollo de tecnologías digitales ha contribuido a la aceleración de la globalización de las universidades, las cuales compiten en un mercado internacional. En 2011, 3,3 millones de estudiantes migraron a realizar sus estudios universitarios en el extranjero, y se estima que serán 5,8 millones en 2025, el 65% de ellos asiáticos.

Los precipitados cambios en el entorno competitivo han dejado a algunas instituciones en niveles de implicación de sus procesos de transformación digital más altos que otras, generando brechas enormes en la calidad de la educación de la región. En un mercado en el que  año a año las instituciones se disputan los mejores puestos en los rankings la competencia es desigual.

La cultura organizacional es uno de los factores más importantes para que las instituciones se adapten a los cambios de forma exitosa. Por eso, a continuación te comentaremos algunas claves para comenzar el proceso.

Una promesa duradera

Si nos remontamos al pasado, la evolución en la relación entre sociedad y Educación Superior ha sido una condicionante que se  manifestado debido a las siguientes condiciones:

– El crecimiento de la escala de actividad de estas institucio­nes, que incrementa significativamente la complejidad de su gestión.

– El vínculo cada vez más estrecho entre los productos de la Educación Superior y el desarrollo económico y social de cada país, que evidencia la exigencia sobre su eficacia.

– El incesante aumento de los costos de la educación superior y la disminución en la afluencia de recursos a las IES, que ha provocado un interés marcado en la racionalidad de los procesos y en la utilización de los recursos.

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– La necesidad de integración del trabajo docente y científico (interdisciplinariedad, transdisciplinariedad) y su proyección institucional como trabajo cooperativo.

Con el tiempo, el objetivo de las Instituciones de Educación Superior (IES) ha mutado, desde el foco en desarrollar conocimiento e investigación para distintas áreas, a adquirir una responsabilidad con la sociedad por el tipo de profesional que se está formando en sus aulas. Así, los planteles educativos han llegado a ser catalogados como organizaciones de servicios a los estudiantes, los cuales que no pueden quedarse atrás en los estándares a los que la sociedad se ha adaptado: las nuevas exigencias de los ciudadanos digitales.

Como lo indica un estudio de la Universidad de Córdova “una buena reputación digital implica una presencia excelente en la red, una conversación adecuada en las redes sociales y el desarrollo de operaciones internas e interfaces hacia el exterior que generen experiencias de usuario positivas desde el primer contacto”.

Bajo el contexto de una red llena de ruido, anuncios y ofertas ¿Cómo se diferencia una institución? ¿De qué forma se puede innovar sin que el riesgo sea siempre un salto al vacío? Sobre esta base el estudio Transformación e innovación de la cultura organizacional en instituciones de educación superior, reveló que para que una IES logre una estructura organizacional innovadora (contexto real), creativa (alta calidad) e inteligente (experiencia compartida, aprendizaje colectivo y pensamiento sistémico), se requiere del compromiso de cada uno de los actores que conforman la comunidad académica, en la adecuada interpretación del direccionamiento estratégico liderado bajo un modelo de alta gerencia.

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Fuente: Pexels

Transformación digital y cultural

La Universidad de Edimburgo define transformación digital de las IES como: “los cambios asociados a la completa aplicación de una cultura digital en todos los aspectos de una universidad contemporánea”. Para que la transformación digital sea efectiva, deben existir líderes claros en la organización que guíen este proceso. En el caso de las Instituciones de Educación Superior, la vicerrectoría académica y sus subáreas son una excelente alternativa para tomar este rol.

Pedirle a los docentes, administrativos y estudiantes que cambien sus hábitos sin que las altas jerarquías adapten los suyos, puede llevar la transformación al fracaso.

Los líderes deben encarnar la cultura digital de la empresa, por lo tanto es necesario que sean usuarios activos de las nuevas tecnologías y que puedan contagiar al resto con su motivación. Deben ser el mayor ejemplo para todos los integrantes de la organización. Estamos hablando de un cambio en el ADN institucional, un proceso profundo que amerita compromiso y del que saldrán nuevas formas de interacción, nuevas herramientas e incluso nuevas formas de trabajar. Como uno de los principales obstáculos es la resistencia al cambio, estos líderes jugarán un papel trascendental para eludir este impedimento.

La transformación digital con un cultura organizacional enfocada en al mejora continua generan múltiples beneficios, especialmente gracias al apoyo de herramientas tecnológicas diseñadas para gestionar diversos aspectos del negocio:

  1. Ahorro de costos.
  2. Reducción en tiempos administrativos.
  3. Control de la información.
  4. Mejoras en la relación con estudiantes y proveedores.
  5. Optimización de la relación entre áreas.

Plan Institucional

Varias instituciones comienzan su transformación digital con un plan institucional que favorezca la incorporación de las TIC de una manera reflexiva. Un ejemplo de esto es el Instituto San Ignacio de Loyola (ISIL), quiénes con su Modelo 3.0 lograron resultados mucho más allá de las metas inicialmente propuestas. Para que este plan complemente a la institución debe seguir los siguientes lineamientos:

  • Debe basarse en el conocimiento de las necesidades institucionales y no en el sentido común o en ocurrencias, debe ser transparente, las decisiones deberán considerar el impacto ambiental y los riesgos asociados al uso de las TIC.
  • Debe ser legítima en el sentido de que no puede ser una imposición o una decisión arbitraria, por más eruditos que puedan ser los tomadores de decisiones. Para que ocurran los cambios institucionales los académicos tienen que participar activamente en la definición del rumbo; las decisiones deben garantizarse con una amplia participación y los avances de los acuerdos deben ser revisados periódicamente por parte de la comunidad académica.

La investigación del Centro de Investigación e Innovación en Educación Superior, UV México indica que el plan de desarrollo deberá comprender políticas que orienten la incorporación de las TIC en cuatro niveles:

  1. El proyecto educativo con el que las TIC contribuyen a la realización de las funciones sustantivas de las instituciones de educación superior (docencia, investigación y difusión de la cultura).
  2. El proyecto organizacional que define a la institución: sus formas de gobierno, sus formas de organización y el modo en cómo se desarrollan sus funciones administrativas; Niveles del plan de desarrollo.
  3. Los servicios de cómputo entendido como el conjunto de recursos tecnológicos, de conectividad, de licenciamiento de software y adquisición de equipo, así como su mantenimiento y soporte técnico.
  4. La capacitación y formación continua de la comunidad universitaria en materia de TIC, en función del proyecto educativo, la naturaleza organizacional y el conjunto de recursos tecnológicos disponibles por parte de la institución.
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Nuevas alfabetizaciones

La alfabetización digital es otro gran desafío, sobre todo cuando la experiencia queda acotada a prácticas básicas como al uso del correo electrónico y a la búsqueda de información en la web, sin criterios específicos. La incorporación de tecnología permite un monitoreo integral del aula y debe orientarse a la recolección y análisis de datos.

Conclusión

Los liderazgos en las Instituciones de Educación Superior necesitan evaluar si sus sistemas y prácticas ya instaladas están cumpliendo con los nuevos estándares internacionales y las proyecciones que la institución tiene, tanto en el servicio que quiere entregar a sus estudiantes, como en la optimización de la institución.

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