Los confinamientos vividos y el cierre de los establecimientos educacionales provocaron el traslado de las clases presenciales hacia el formato online, generando una urgente necesidad de cambiar los métodos y práctica docente, bajo un contexto de enormes dificultades, donde quedaron en evidencia las desigualdades que enfrentan los alumnos y docentes.  

De hecho, según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) arrojó que en mayo de 2020, más de 1.200 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza a nivel mundial dejaron de asistir a clases presenciales. Mientras que una encuesta de la misma entidad, evidenció en marzo de 2021, que la región de América Latina y Caribe tuvieron el cierre de establecimientos educacionales más prolongado del mundo, de más de seis meses promedio.

La situación dejó en evidencia una preocupante realidad: no todos los alumnos ni docentes contaban con la conectividad y dispositivos necesarios para poder hacerlo, pero, además, las capacidades y formación docente no estaban del todo desarrolladas. El cómo y qué enseñar desde una pantalla era una experiencia que no estaba del todo desarrollada en esta crisis, pero del que había que, de alguna manera, salir adelante con la nueva modalidad de 100% de educación a distancia.

Es así que con el avance de la pandemia y el apoyo de las universidades hacia sus académicos, el trabajo docente online avanzó incorporando nuevas metodologías y formas educativas en el aula. Orlando Balarezo, doctor en Psicología y docente de la Universidad César Vallejo, señala que, en particular, las universidades debieron implementar un cambio brusco en sus procesos de enseñanza-aprendizaje: “Los docentes tuvieron que modificar sus secuencias metodológicas, desde la planificación hasta la ejecución, con el objetivo de adaptarlas al entorno virtual. El objetivo se mantuvo intacto: lograr que los estudiantes alcancen las competencias requeridas para cada una de sus experiencias curriculares”.

Pese a los enormes retos para la práctica docente, Fernando Reimers, director de la Iniciativa Global de Innovación Educativa de Harvard, indicó que si bien la pandemia “puso al desnudo las enormes limitaciones de las formas autoritarias y atrasadas de gestión de los sistemas educativos, este momento evidenció las ventajas que significan gestionar de un modo que permita desarrollar inteligencia colectiva, con capacidad para innovar y para actuar con eficacia”.

Uso de herramientas digitales

El especialista explica que la necesidad de transformación se conjugó con la necesidad de abordar mucho más que antes, el estado emocional de los alumnos, haciendo ver a cada estudiante que se está preocupando por cada uno: “El énfasis tiene que estar en promover aprendizajes significativos, no en cubrir contenidos. Animar a los estudiantes a leer, y a discutir lo que leen, a llevar un diario sobre la vida que están experimentando, a estudiar la pandemia misma. Es improbable que se puedan lograr todas las metas establecidas en un año con condiciones ordinarias. Un ejercicio de repriorización del currículo sería útil”.

Pese a las urgencias que ha habido en estos últimos dos años, lo cierto es que dentro de los beneficios de esta transformación digital, la formación docente se ha visto robustecida con un mayor uso de herramientas digitales para adaptar las clases a un contexto virtual, gracias al uso de plataformas de comunicación online como Zoom o Teams, que permitieron unificar en un solo lugar las reuniones por videoconferencia, chats, almacenamiento de archivos, intercambio de documentos o imágenes. Un beneficio para la práctica docente no sólo en el aula, sino también para las reuniones corporativas de las universidades.

Estas herramientas online, han cambiado el trabajo docente online. Una evaluación y análisis de la Unesco a formadores, señala que bajo este contexto, las actividades pedagógicas se implementan con un objetivo en mente, “pero que el docente debe estar atento a las respuestas de los estudiantes, para adaptarlas de acuerdo a lo observado. Esto puede implicar modificar el ritmo y/o el estilo de enseñanza, diversificar las tareas según el avance de cada estudiante, retroalimentar, reforzar contenidos, entre otros aspectos”. Aunque aún persisten múltiples obstáculos contextuales para poder aplicar este tipo de metodologías.

Balarezo acotó que “la capacitación fue un pilar importante en este proceso intensivo para brindar lo mejor en cada encuentro con sus estudiantes. Así mismo, el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, se convirtieron en ejes centrales de sus actividades, impulsando el aprendizaje de nuevas herramientas virtuales”.

Contenido auto narrado

El estudio sobre Educación superior y la Covid 19 referido a la adaptación metodológica y evaluación online en dos universidades de Barcelona, desarrollado en coautoría por el investigador de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, en Espala, Daniel Ortega, arrojó que las TICS han abierto “un amplio repertorio de posibilidades didácticas para complementar la carga existente en torno a los contenidos curriculares en cualquier asignatura de enseñanza superior”.

Se destaca el surgimiento de nuevas herramientas de enseñanza como la creación de píldoras formativas que pueden ser visualizadas en cualquier momento y no en tiempo real, también la oportunidad de hacer tutorías grupales e individuales para abordar adaptaciones metodológicas, o promover las lecturas complementarias.

“También se realizaron power points audio narrados u otros con contenido adicional de lo habitual para complementar el material docente”, indica.

La formación docente ha cambiado como nunca las formas que tradicionalmente se ha enseñado en el aula. Ha implicado mucho sacrificio y fortaleza de cada uno de ellos al ir incorporando sobre la marcha los contenidos y nuevas herramientas digitales. Lo que viene ahora es claro, analizar y evaluar los impactos que han tenido estos cambios en la formación de los alumnos.