Las universidades y los programas acreditados cuentan con la garantía de poder satisfacer las necesidades de sus estudiantes, preparándolos para sus carreras, además de poder responder a las necesidades de las profesiones y del mundo gracias a una práctica de mejora continua y a la autoevaluación permanente. El proceso de acreditación debe ser iniciado por la institución, y puede llevar meses o incluso años, dependiendo de la acreditación, ya sea AACSB, ABET, NEASC, MSCHE o las conferidas por los ministerios de educación de los países.

Aunque las diferentes organizaciones de acreditación pueden tener requisitos específicos, el proceso suele abarcar los mismos pasos a grandes rasgos, y las acciones previas a la propia acreditación son tan importantes, o más, para obtener una respuesta favorable. Éstas pueden definirse como:

  1. Revisión interna y solicitud formal de acreditación
  2. Visita al campus
  3. Revisión y decisión de acreditación

Sin embargo, antes de solicitar la acreditación, las instituciones -o los programas, según el tipo de acreditación- deben determinar si pertenecen a ciertas categorías y si se cumplen los requisitos particulares de elegibilidad. Para ello, es esencial revisar los recursos y la documentación que las organizaciones de acreditación suelen proporcionar a través de sus sitios web o poniéndose en contacto con ellas directamente. Además, la institución debe contar con un proceso de evaluación efectivo antes de seguir adelante con la acreditación académica.

La autoevaluación es clave para el proceso de acreditación académica

Son necesarios una declaración de misión institucional y un calendario para definir un propósito y establecer objetivos. Las universidades establecen su misión institucional para describir los grupos a los que sirven y los servicios que prestan, y encargan a los responsables de la evaluación la creación de estrategias y calendarios. Además, el profesorado y los administradores deben colaborar para crear un plan de acción y un calendario que garantice el cumplimiento de los objetivos y los plazos de la evaluación.

Asimismo, deben definirse los objetivos educativos y los logros de los estudiantes. En el caso de la acreditación de un programa, el público objetivo se utiliza para establecer los objetivos educativos, que se expresan como declaraciones generales de lo que los estudiantes deben saber y ser capaces de hacer al graduarse. El profesorado puede llegar a un consenso sobre las expectativas de aprendizaje de los estudiantes mediante el establecimiento de objetivos y resultados estudiantiles, ya que expresan las mismas expectativas en todo el plan de estudios. Los indicadores de rendimiento miden si los estudiantes tienen los conocimientos, las habilidades, las actitudes y los comportamientos requeridos a la hora de graduarse.

El diseño y la ejecución de evaluaciones proporcionan una estructura a través de la cual se pueden evaluar los logros de los estudiantes y los objetivos educativos del programa. Las evaluaciones son más eficaces cuando emplean medidas objetivas, indirectas, cuantitativas y cualitativas que son apropiadas para el resultado u objetivo que se mide.

Al evaluar las prácticas y los métodos educativos, hay que tener en cuenta cómo se relacionan. Para ello, se puede utilizar el mapeo de las estrategias educativas (que pueden incluir actividad extracurriculares) con los objetivos de aprendizaje. La recolección e interpretación de datos debe ser sistemática y coherente, y la estrategia debe centrarse en la evaluación de los indicadores de rendimiento.

Los datos y las pruebas acumuladas a través del proceso de evaluación se interpretan durante la fase de análisis y se utilizan para determinar si los resultados de los estudiantes y los objetivos educativos se están cumpliendo. La autoevaluación es esencial para garantizar que las decisiones y acciones conduzcan a mejoras a partir de los resultados del proceso.

Las etapas fundamentales del proceso de acreditación académica

Revisión interna y solicitud formal de acreditación

Los programas e instituciones que solicitan la acreditación inicial por parte de una comisión, y que no se les ha concedido previamente la acreditación, suelen someterse a algún tipo de revisión de preparación y se les pide que realicen un informe de autoevaluación preliminar, que es fundamental, pues sus resultados se exigirán en algún momento. Una revisión inicial ayudará a determinar si el programa o la institución están preparados para presentar una solicitud de acreditación formal. Algunos procesos pueden incluso requerir que las instituciones se hagan miembros de las organizaciones de acreditación.

Cuando una institución está satisfecha con su capacidad de cumplir con los requisitos de acreditación, ha establecido procesos de evaluación y ha completado la revisión de preparación, los programas elegibles pueden comenzar el proceso de acreditación presentando una solicitud formal ante el organismo de acreditación. Por lo general, las solicitudes deben ir acompañadas de los expedientes académicos oficiales de los graduados recientes y, en algunos casos, se requieren traducciones certificadas u oficiales para las acreditaciones internacionales.

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Fuente: Pexels

Visita al campus

Una vez completados con éxito los primeros pasos, se programará una visita al campus de la institución para que los evaluadores valoren de primera mano varios aspectos del proceso. La institución puede encargarse de proporcionar materiales que puedan ser objeto de evaluación, o de programar reuniones y entrevistas con el profesorado, el personal y los estudiantes. Los resultados de estas visitas de evaluación normalmente se compartirán al final durante una reunión, pero el proceso puede variar dependiendo del organismo de acreditación.

Revisión de la acreditación y decisión final

Tras la visita, las instituciones suelen disponer de algún tiempo para trabajar en los puntos débiles que la evaluación inicial haya señalado. Esto puede desencadenar un tira y afloja entre la universidad y el organismo de acreditación que puede durar unos meses, dependiendo de la cantidad y la magnitud de los ajustes requeridos. Precisamente por eso es tan importante comprender los requisitos de una acreditación y contar con un marco de autoevaluación institucional sólido, ya que puede reducir considerablemente el tiempo de acreditación.

Únicamente después de que la institución haya cumplido todos los requisitos en todas las categorías posibles, se comunicará la decisión de conceder la acreditación. Sin embargo, el proceso no termina ahí. La mayoría de las acreditaciones académicas exigen que las instituciones elaboren y ejecuten planes de auto-mejora para garantizar que los estándares de calidad de la educación se mantengan y, de ser posible, se mejoren en anticipación al inminente proceso de re-acreditación.

Características de un proceso de acreditación constructivo

Tanto las universidades como las entidades de acreditación académica pueden beneficiarse del proceso, incluso si este no se traduce en una certificación. Aunque la mayoría de las instituciones tienen capacidad para salir airosas de todos los procesos de acreditación, una ventaja innegable es que las universidades reciben opiniones externas de expertos que les ayudan a mejorar. En cualquier caso, ambas partes deben trabajar para garantizar que los estudiantes reciban una educación de calidad.

  • La comunicación abierta y periódica entre la entidad de acreditación y la institución es fundamental para expresar los elogios o las preocupaciones sobre las especificaciones, los requisitos y los posibles resultados.
  • Los expertos que participan en el proceso de acreditación académica deben poseer un conocimiento profundo del entorno de la educación superior para estar debidamente preparados. Los estudiantes, así como otras personas de diversos campos, contribuyen al proceso aportando nuevas perspectivas y horizontes. Los miembros del equipo deben trabajar de forma profesional y coherente para alcanzar los objetivos comunes. El experto debe comprender el contexto y conocer a todas las partes involucradas de la institución para lograr un proceso exitoso y sin contratiempos.
  • El proceso de acreditación académica debe ser abierto y directo, pero estricto si es necesario, lo que significa que la universidad y los expertos deben comprender plenamente los objetivos. Además, la universidad debe expresar una variedad de puntos de vista y los expertos evaluadores deben ser capaces de discernir las cuestiones fundamentales relacionadas con la acreditación. Los procedimientos de gestión de la calidad descritos en la documentación pueden no reflejarse en la realidad y la visita debe ayudar a determinar si los procedimientos de gestión de la calidad se están aplicando eficazmente. Una relación sólida se basa en la confianza, pero la naturaleza del proceso de evaluación y la posibilidad de conflictos de intereses pueden comprometerla. Es fundamental que la universidad preste mucha atención a lo que se le pide. A cambio, los comentarios críticos del experto deben incorporarse a un proceso de desarrollo que pueda ayudar a la universidad a alcanzar sus objetivos.
  • Los expertos evaluadores esperan saber si los mensajes de la institución son claros, inequívocos y lo suficientemente inclusivos como para responder a sus preocupaciones. También quieren poder examinar la institución y dado que cada institución tiene su propio carácter, las universidades quieren ser tratadas con justicia y tener la oportunidad de describir sus propias circunstancias y peculiaridades. El experto debe estar bien versado tanto en la investigación como en la administración para captar los matices culturales e institucionales. Siempre que sea posible, el experto debe presentar una perspectiva externa que no sea exclusivamente crítica, sino más bien de desarrollo.

La autoevaluación es un componente fundamental de la acreditación, que a su vez es un proceso importante para garantizar la integridad de los programas, así como para la concesión de ayudas financieras, incluidos los préstamos estudiantiles y las subvenciones públicas. Comprender los requisitos de acreditación y reforzar las prácticas de autoevaluación puede dar una ventaja a las universidades que se aventuran a realizar procesos de acreditación.